Josef Fritzl dijo en sus primeras declaraciones que tenía previsto matar con gas a sus hijos en caso de que estos intentaran algo que pudiera perjudicarlo.
Seis expertos y técnicos de la policía efectuaron verificaciones en el sótano de 60 metros cuadrados transformado en refugio antiatómico por el propio secuestrador, para saber si éste podía poner en práctica sus amenazas. También buscan determinar si el dispositivo electrónico de la puerta del refugio estaba programado para abrirse al cabo de cierto lapso, como afirmó Fritzl.
Los investigadores deberán esperar un tiempo antes de obtener testimonios directos de las víctimas -Elisabeth, de 42 años, tres niños que permanecían cautivos junto a ella y otros tres que habían sido adoptados por Josef Fritzl y su esposa, Rosemarie.
“Josef bajaba todos los días a las siete de la mañana al sótano, diciendo que hacía planos de maquinaria para empresas", contó Christine R., hermana menor de Rosemarie, al diario Osterreich. Christine R. también confirmó que su cuñado había sido condenado por violación a fines de los años 60 y que tenía "cuatro hijos ilegítimos".
Los especialistas advirtieron de que los daños psicológicos ocasionados a las víctimas tardarán mucho tiempo en cicatrizar, y pidieron a los medios de comunicación respetar la intimidad de todos. El hospital psiquiátrico donde Elisabeth, cinco de sus seis hijos y su madre, Rosemarie, están recibiendo atención contrató a una sociedad de vigilancia para alejar a los periodistas.
La hija mayor nacida de la relación incestuosa, Kerstin, de 19 años, permanece en estado crítico en otro hospital de Amstetten. Su hospitalización había permitido poner al descubierto la tenebrosa situación de toda la familia.
La joven Natascha Kampusch, que en agosto de 2006 logró huir de un sótano de los suburbios de Viena donde estuvo secuestrada ocho años por un desequilibrado mental, aconsejó a las víctimas de este nuevo drama evitar los contactos con los medios de comunicación.
"Van a verse inundados de imágenes y de impresiones. Muchos extraños tratarán de meterse", dijo a la televisión alemana NDR.
Josef Fritzl, de 73 años, fue trasladado el lunes a la prisión de Sankt-Polten (este) y aislado de los demás reclusos, por su propia seguridad. El director de la cárcel, Gunther Morwald, recordó que los acusados de incesto o de violencias contra niños se sitúan abajo de todo en la jerarquía de los detenidos y son particularmente amenazados.
Fritzl, detenido el domingo, confesó el lunes sus crímenes antes de optar por el silencio, bajo los consejos de su abogado.