Expertos vulcanólogos afirmaron que el volcán podría continuar con su proceso eruptivo y provocar grandes destrozos, aunque hay quienes afirman que los movimientos que se han registrado en los útlimos días son sólo réplicas y que lo peor ya pasó.
Entanto la situación de los evacuados sigue siendo incierta, los pobladores permanecen en albergues o en casas de familiares en otras ciudades, sin tener claro aún qué va a pasar con ellos.
Lo único claro ahora es que no podrán regresar pronto a sus tierras, cubiertas de ceniza, ni a sus casas, que abandonaron con reticencia, en una evacuación sin precedentes en Chile.
Las autoridades no han descartado la reubicación del pueblo de Chaitén, que era uno de los destinos favoritos de los amantes del turismo de aventura.
Las cenizas llegaron a provincias argentinas sureñas como Chubut, Neuquén, Río Negro, así como a las centrales La Pampa y Buenos Aires, por lo que varios vuelos fueron cancelados y recién el viernes estaban comenzando a ser reprogramados.
Las empresas American Airlines y United Airlines se vieron obligadas a suspender sus vuelos desde y hacia Buenos Aires para el jueves a la noche y el viernes a la mañana.
Por su parte, los gobiernos de Chile y Argentina están coordinando estrechamente las labores de ayuda a los evacuados, muchos de los cuales permanecen en territorio argentino.
En Chile, que tiene la segunda cadena volcánica más grande y de mayor actividad en el mundo después de Indonesia, hay más de 2.000 volcanes, de los cuales unos 500 han sido clasificados por expertos como potencialmente activos.
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