En una visita oficial de dos días, en cuyo diseño intervino aparentemente la intención de mostrar el poder regional del país persa, Mahmoud Ahmadineyad se reunirá con el presidente iraquí, Yalal Talabani, así como con su primer ministro, Nuri al Maliki.
EEUU dio el visto bueno a la visita, asegurando que apoya el establecimiento de relaciones de buena vecindad entre ambos países, pese a que no ha cesado de acusar a Irán de armar y preparar a las milicias insurgentes chiítas de Irak.
Sin ayuda
Previo a su viaje, el líder iraní señaló que el pueblo iraquí podía sus problemas internos luego de la guerra sin ayuda extranjera.
"Los iraquíes tienen un enorme potencial humano y están en capacidad de solucionar sus asuntos sin la ingerencia extranjera", dijo Ahmadineyad a la prensa.
"A pesar de la dura presión que actualmente se hace contra Irak, el pueblo de ese país es sabio y con resolución avanza hacia el progreso", dijo el líder iraní.
Desde el pasado miércoles, una delegación iraní compuesta por funcionarios de los ministerios de Energía, Petróleo, Exteriores y Transporte, llegó a Bagdad para realizar asuntos relacionados con la visita del presidente.
Irak e Irán heredaron los problemas de los antiguos imperios Otomano y Persa, que en los años 70 del siglo pasado volvieron a aflorar hasta que en 1975, el Sha de Persia y el régimen iraquí firmaron un acuerdo fronterizo en Argel para determinar el reparto de la zona conocida como Shatt al Arab, situada en la desembocadura común de los ríos Tigris y Éufrates.