La ola de agresiones comenzó el pasado sábado, cuando una joven rumana de 16 años intentó supuestamente secuestrar a un bebé de seis meses, cuando entro en una casa en Ponticelli. La adolescente tuvo que ser finalmente protegida por la policía del lugar, debido a que un grupo de vecinos querían lincharla.
En otro incidente posterior, un joven rumano fue golpeado y acuchillado en la espalda, mientras que tres personas prendieron fuego el lunes en la entrada de un asentmiento rumano.
En la madrugada del martes, otro grupo de jóvenes lanzaron desde su coche cócteles molotov a otro campamento e incendiaron cuatro barracas, mientras que en otro campamento se registró una agresión con piedras.
Los constantes ataques, llevaron a que se decidiera el traslado de todos los gitanos a un mismo campamento bajo protección policial.
Hoy, mientras se estaba produciendo el traslado se han registrado otros dos incendios en asentamientos abandonados.
El actual aumento de xenofobia contra la comunidad gitana, rememora los episodios ocurridos el año pasado, cuando el "Grupo Armado para Purificación Etnica" (GAPE) incendió un campamento provocando la muerte de cuatro niños gitanos rumanos de entre 4 y 11 años.
Entonces, este grupo envió una carta a la prensa con un ultimátum a los gitanos de Italia para que abandonaran el país en un plazo de 20 días.
El lunes,
el Primer Ministro rumano denunció el plan del ministro del Interior italiano de reimponer controles fronterizos, diciendo que alimentaría actitudes xenófobas hacia los rumanos.
El flamante Gobierno de Berlusconi está preparando un paquete de medidas sobre seguridad, con el que se contempla luchar contra la inmigración ilegal, pero lo rumanos ven a estas futuras medidas con cierto recelo.