Amrullah Saleh, quien preside la Junta Directiva Nacional de Seguridad en Afganistán, dijo que los gobiernos extranjeros deberían presionar a Pakistán para que destruya las bases militantes al interior de sus fronteras.
Talibanes armados dispararon granadas propulsadas por cohete y pequeñas armas en un desfile estatal el domingo 27 de abril, enviando a Karzai, a su gabinete y a los más altos jefes militares, así como a diplomáticos extranjeros a refugiarse de inmediato.
Tres personas fueron asesinadas antes que las tropas afganas mataran a los tres atacantes talibanes.
Investigaciones llevadas adelante por las fuerzas de seguridad mostraron que al menos dos funcionarios de los ministerios del Interior y de Defensa estuvieron involucrados en el ataque, dijo Saleh. Los funcionarios sospechados de participar en el atentado fueron arrestados en los últimos días.
Pero añadió que tenían vínculos con al-Qaeda en Miramshah, región tribal de Pakistán cercana a la frontera con Afganistán, y tildó a la red terrorista de haber sido el ‘cerebro’ del ataque, el más descarado hecho por los talibanes desde su derrocamiento en el 2001.
“El rol de al-Qaeda y su involucramiento en el ataque es muy claro”, dijo Saleh en una conferencia de prensa.
“Tienen bases (en Pakistán). Son aprovisionados tanto financiera como logísticamente. Reciben entrenamiento muy sofisticado (…) Siempre hemos dicho que la presión en sus bases, combinada con nuestra inteligencia puede destruirlos”, añadió.
Dijo con arrepentimiento que había “poca y a veces ninguna presión” sobre las bases de entrenamiento de militantes, refiriéndose indirectamente a Pakistán.
Más sofisticado
Mientras el Talibán ya ha llevado a cabo atentados suicidas esporádicos en Kabul, el ataque de la semana pasada, junto a un asalto de estilo de guerrilla a un hotel de cinco estrellas en la capital en enero, indican un modo más sofisticado de ataque.
El Talibán se ha comprometido a atacar Kabul este año como parte de su campaña para derrocar al gobierno de Karzai y hacer salir a los más de 55.000 efectivos militares extranjeros estacionados en el país.
El propio Pakistán, que ha visto ataques hechos por militantes durante el año pasado, dice que hace todo lo que puede para aplastar a al-Qaeda y otros militantes que huyeron hasta allí luego de la invasión liderada por EEUU que derrocó al gobierno talibán en Afganistán en 2001.
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