La localidad de Culiacán, capital de un estado conocido como el corazón del territorio del Cártel de Sinaloa, uno de los más poderosos de México, aparecía sitiada por cientos de retenes militares donde los soldados, armados con fusiles de asalto, revisaban vehículos en busca de armas y drogas.
Los soldados y agentes policiales, algunos en tanquetas armadas con ametralladoras, recibieron la orden de redoblar la lucha contra el narco y contra el líder del cártel de Sinaloa, Joaquín "el Chapo" Guzmán, el hombre más buscado de México y fugitivo tras escapar de prisión hace años.
Pese al despliegue policial y militar, al menos una persona murió durante la noche en un tiroteo entre grupos de pistoleros rivales cerca de la ciudad universitaria de Culiacán, según la policía y testigos.
La violenta guerra entre cárteles rivales por el control de las rutas del tráfico hacia el mercado de Estados Unidos, y en contra de las fuerzas de seguridad, se ha cobrado más de 1.100 muertos en lo que va del año en el país.
En una conferencia de prensa en la ciudad, durante una reunión del gabinete de Seguridad del Gobierno, el fiscal general de México, Eduardo Medina Mora, dijo que "las últimas semanas han sido muy violentas en Sinaloa, con muertes y ejecuciones, con un mayor despliegue de armas, saña y capacidad de fuego".
La semana pasada, en diferentes puntos del país, fueron asesinados seis jefes policiales, entre ellos Edgar Millán, coordinador de seguridad regional de la policía federal.
Los violentos choques entre los cárteles rivales dejaron el año pasado más de 2.500 muertos, a pesar de los operativos lanzados por el presidente Felipe Calderón, que ha desplegado decenas de miles de soldados y policías federales para tratar de frenar el derramamiento de sangre.