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Panorama internacional actual

Un reciente viaje por Europa y Turquía me permite actualizar ciertas reflexiones sobre la situación de los países del Magreb y el avance de lo que fuera denominada la primavera árabe que fue el renacer de una esperanza de mayor democratización y mejor cumplimiento del respeto de los derechos del hombre.

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Las dudas sobre la detención del avance de un radicalismo islámico aún no son aventadas pero se observa un dato generoso y auspiciante de un progreso relativo. Las recientes elecciones en Libia han dado una sorpresa que alienta todas las esperanzas de detener el fundamentalismo en la región   y el despertar de partidos políticos laicos que permitan una integración a conceptos tradicionales de la democracia y al respeto de los derechos fundamentales.

Mohamed Jibril, ex primer ministro del Consejo de Transición, que hesitante en sus balbuceos democráticos estaría dando un claro ejemplo de madurez política a la región al vencer a los partidos de tendencia religiosa. Logro obtenido por una unidad de partidos laicos que no desperdigara votos como se hiciera en la vecina República Tunecina que facultara la victoria del partido islámico Ennhadha, y que permite encarar un futuro con mayor claridad y seguridad hacia los países de la ribera norte del Mediterráneo, verdaderamente interesados en la estabilidad y responsabilidad de un gobierno en Libia, fuente esencial de energía y con un potencial económico que despierta la voracidad de exportaciones necesarias al resurgir europeo.

Estas elecciones han dado una consolidación inesperada a la evolución de Libia, cuyos antecedentes generaban una serie de problemas que se creían insolubles, al menos a corto plazo y que los resultados en curso de confirmación estarían otorgando una satisfacción generalizada, tanto para sus vecinos que temen la injerencia progresiva del islamismo como a la región mediterránea que aún se inquieta por estremecimientos políticos que inciden sobre el esperado y necesario  proceso de recuperación económica.

En las recientes elecciones ha primado el consenso de un frente que ha dado signos de mayor homogeneidad laica frente a los impuestos del islamismo radical. Sorpresa para la mayoría de los analistas de la región que preferían ver la dispersión de fuerzas tribales inmersas en localismos distorsionantes de una estructura estatal a la que los años del régimen de Kadafy habían destruido los principios de una concertación democrática y del libre juego de partidos políticos con estructura modernista. Ello es buen ejemplo que debería sonrojar a los líderes de la dispersa oposición tunecina que permitiera en sus arrebatos de autonomía el avance de un islamismo pretendidamente tolerante que hasta ahora no ha dado justificación a esa pretensión.

 La República Tunecina vive momentos de ambigüedad y espera en una recuperación económica que aún no se ha concretado debidamente. Desocupación, incertidumbres sobre el futuro de la seguridad, merma del turismo veta esencial de su economía y una gestión dubitativa de una dirigencia no demasiado apta ni competente para la conducción política determinan una “impasse” que incluso faculta el despertar de las corrientes salafistas que sobrepasan a las tímidas reacciones gubernamentales que se encuentran divididas en la Troika que asegura la gestión del Estado, que demuestra mas puntos de divergencia que coincidencia.

Por otra parte, el próximo congreso del partido gobernante, Ennahdha, sería determinante para encauzar el nuevo rumbo del país, alejando las incertidumbres sobre su vocación tolerante. Este Congreso, el 9° desde su fundación y el primero a celebrarse en Túnez desde 1988 y que se abre el 12 del corriente con la presencia de 1103 delegados que representan a los 58.741 adherentes,   adquiere una importancia trascendental pues determinará la vocación de reestructurar un partido que viene del exilio y de la lucha clandestina y que durante 23 años ejerció una vocación revolucionaria y militante que dificulta establecer un proyecto republicano que fusione las diversas tendencias que lo componen. Su dirigencia no se vería objetada pues Mohamed Ghanouchi dispone de amplio apoyo, pero será necesario evaluar sus resoluciones finales si dan y confieren aptitud para gobernar un país complejo y avanzado a dirigentes salidos de la lucha clandestina que solo disponen de méritos obtenidos gracias a su persecución y marginación cuando no prisión pero que carecen de la necesaria formación técnica para gobernar.   Hipótesis plausible si reconocemos que el principal partido histórico tunecino , el Destour con sus adecuaciones progresivas , se vio comprometido por el apoyo concedido a Ben Ali y que a pesar de disponer de cuadros y dirigentes eficaces no ha sabido reencauzarse en formas democráticas que posibilitarían su reinserción a la vida política.

Otro país que suscita la atención del panorama actual es Egipto, donde se despierta una disputa entre las Fuerzas Armadas, deseosas de mantener sus prerrogativas y no incurrir en el fundamentalismo islámico y la victoria de Morsi, que al frente de los Hermanos Musulmanes obtuvo una presidencia a la que se ha pretendido limitarle sus poderes y cuya reciente reacción de anular la clausura del Parlamento estaría gestando una nueva fuente de conflicto de dudosa solución y que empaña la estabilidad de la región. 

Subsiste la barbarie en Siria, donde los clamores internacionales no han logrado obtener una solución atendible que evite el genocidio de un pueblo por sus propios gobernantes y la tensión se da en el centro del Sahara con el posible renacer de una fuerza de Al Qaeda que podrá desestabilizar todo el centro de Africa con potenciales incidencias tanto en Argelia como en Marruecos.

A ello se añade el riesgo que continúa implicando la tensión entre Turquía y Siria, la incorporación de palestinos israelíes al ejército de Israel, la complejidad de Irán en su vocación armamentista y la insolubilidad del futuro cercano de Irak y Afganistán; problemas estos que aquejan y complican aún mas la situación del panorama internacional de la región y que no contribuyen a la tranquilidad mundial.

El Ministro de Asuntos extranjeros de Francia, Laurent  Fabius, en una reciente intervención en un seminario dirigido por el analista del mundo árabe, Gilles Kepel, que a mi criterio funda doctrina, señaló su disposición en conceder el apoyo necesario a la primavera árabe en caso se acaten las libertades fundamentales que son la igualdad antela ley, la libertad de expresión, el derecho de las mujeres y el derecho de las minorías, que deben ser conjugados con la alternancia política y el debido pluralismo. A ello añado la lucha contra la corrupción y el nepotismo, temas esenciales no sólo al mundo árabe sino a toda región que aspire al reconocimiento internacional.

Embajador (R) Jesús Fernando Taboada
Buenos Aires, 11 de julio 2012
 
 
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