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Benedicto XVI afirmó a la prensa en el avión que le lleva a Brasil que "el avance de las sectas significa que existe una sed de Dios" y que la misión de la Iglesia y de los católicos es "ofrecer su testimonio para todos juntos encontrar el camino que ofrezca unas condiciones de vida más justas a estas personas"
Brasil es el país con más católicos del mundo, pero a diario cientos de creyentes se unen a otras confesiones religiosas que parecen más atractivas. Por ese motivo, el Papa Benedicto XVI viaja hoy a ese país para poner en marcha un plan que evite el éxodo de fieles cristianos.
El Papa deseó que en la cumbre de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (CELAM), que él va a inaugurar, puedan "salir las directrices para ofrecer este camino a estas personas "que tienen sed de Dios y de religión".
Por otra parte, Joseph Ratzinger afirmó que está "convencido", que en Brasil, que cuenta con 155 millones de católicos, "se decide, en parte, el futuro de la Iglesia Católica".
Y añadió, que ha estudiado con atención la historia de este país y como ha ido evolucionando la fe católica, "que fue perseguida a finales del siglo XIX por fuerzas neoliberales" y manifestó también su interés por "las culturas indígenas".
Al responder sobre algunos de los problemas que atenazan a América Latina, el Papa contestó que "el problema de la droga nace por la falta de esperanza en el futuro", y que ante la violencia, "los católicos pueden ayudar a erradicarla".
Para el Papa, "la doctrina social de la Iglesia marca las guías para crear las condiciones humanas dignas y de justicia social".
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